Una Nochebuena en Viladecans

Hace unos días al revisar un armario salió el mantel rojo de Navidad, los recuerdos se acumularon en mi mente como una catarata.

Antes de ir las navidades a Salamanca celebrábamos la la nochebuena en casa, los cuatro sólo. Aquella noche Mª Carmen ponía el mantel rojo con flores doradas, la vajilla de nuestro ajuar, las velas y toda la parafernalia de esa noche.

La cena era especial: Sopa de pescado, cordero o cabrito, postres, turrones, y cavas para los adultos. Los cuatro catábamos algún villancico, pocos eramos poco cantores, y cuando el sueño atacaba los peques a la cama y los adultos a desearnos unas felices pascuas.

Después Mª Carmen y yo nos dedicábamos a esconder los regalos por la casa y montar una gimcana por el piso, dando pistas falsas para los regalos y pistas buenas para el carbón.

Por la mañana los críos se volvían locos buscando los regalos con las pistas, era lo mejor de las navidades, esos momentos cuando ellos como locos buscaban y nosotros disfrutábamos con sus nervios y desespero, pero, al final siempre los encontraban y se acabó la paz, empezaban los ruidos, los líos , las peleas y la vida de juegos y disfrutes para ellos, los demás a aguantar los días de guerra de la canalla.

Esas noches buenas son unos de los recuerdos que más daño me hacen recordarlos y a la vez más me gustan revivir

Agustín 28-nov-2007