DIARIO PARA MARI CARMEN Nº 553
Hace mucho tiempo
Cuando Mª Carmen conoció Garcibuey, era el mes de agosto, subíamos de Alicante de pasar unos días, recuerdo con mucho calor, ese calor pegajoso del verano en el Mediterráneo, casi sin poder dormir. Hicimos noche en los Ángeles de San Rafael en Segovia y menudo cambio, dormimos con manta y todo, por la mañana desayunamos en Ávila y la temperatura no pasaba de 7 u 8 grados. Comimos en Salamanca capital y a ELLA le gustó tanto que quedó enamorada de esa bonita ciudad, tanto que cada vez que íbamos al pueblo teníamos la obligación de ir uno o dos días a pasarlo en la capital.
Por la tarde fuimos al pueblo y recuerdo como Mª Carmen me decía una y otra vez que donde estaban las montañas y los árboles de los que yo le había hablado tanto, pues todo el campo charro en verano es de color marrón y unas cuantas encinas, bueno bastante aburrido. Pero al llegar a Cereceda, y más concreto al paraje denominado la "Peñuela", el paisaje cambia tanto que los robles se entrecruzan en la carretera, y desde aquí comienza la sierra, la Sierra de Francia. Las encinas dejan paso al castaño, al roble a los frutales, las huertas y todo se vuelve verde. La orografía cambia y los llanos del campo charro dejan paso a las montañas y los valles del Rio Francia, del río Alagón y a la infinidad de regatos que pueblan ese paraíso.
Al llegar al pueblo y durante unos días estaba como perdida pero enseguida se hizo con la situación, con la ayuda de la familia y mi atención para que estuviera contenta y feliz, y, con el tiempo llegó a querer tanto a ese pueblo que hasta su último deseo era que sus cenizas reposaran allí donde fue tan feliz y tan querida por su familia de Garcibuey y por sus amigos. Sus deseos fueron cumplidos. Allí estará para siempre.
Agustín 3-jun-09
